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¿Quién fue José Antonio Ramos Sucre?

José Antonio Ramos Sucre fue un poeta, ensayista, y diplomático venezolano. Considerado uno de los más destacados escritores de la historia literaria de su país. La temática que empleó en su obra estuvo caracterizada por el uso del simbolismo, la mitología, lo fantástico y esotérico;  y el tema de la muerte que, ocupó un gran espacio en su producción literaria.

Biografía de José Antonio Ramos Sucre

Su nombre completo es, José Antonio Primo Feliciano Ramos Sucre y nació en Cumaná, estado Sucre, Venezuela; el 3 de junio de 1890.

Sus padres fueron Jerónimo Ramos Martínez y de Rita Sucre Mora.

Además, su madre fue sobrina nieta del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre y Alcalá, héroe de la independencia venezolana.

José Antonio fue educado bajo la estricta mirada de su tío paterno quien además es su padrino, el historiador y letrado, José Antonio Ramos Martínez.

Ramos Martínez era hombre del clero, presbítero. Ostentó el cargo de párroco de Cumaná.

Fue este tío quien le enseñó sus primera en el latín y la literatura. Luego aprendería unas siete lenguas más.

 

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Sin embargo, la severidad de su tío lo alejó de los juegos y risas que caracterizan a los niños.

Sus intereses estuvieron centrados en el área humanística. Se fue a Caracas en 1910 donde estudió leyes.

Con el tiempo ejerció como juez circunstancial; cargo que ejerció de forma sabia y recta, según señalan algunos biógrafos e historiadores.

Durante un tiempo trabajó enseñando latín e historia universal gracias a sus grandes conocimientos.

También trabajó como traductor para el ministerio de Relaciones Exteriores, gracias a su habilidad para los idiomas.

Enfermedad y muerte

Ramos Sucre no fue ni un niño ni un hombre saludable y libró una larga lucha contra el insomnio.

Este es un estado que se caracteriza por la falta anormal de sueño y dificultad para conciliarlo que se sufre en el momento en que corresponde dormir.

Debido al estrés y depresión que sufría a causa de esta enfermedad, se suicidó a los 40 años de edad, el 13 de junio de 1930.

En ese momento se encontraba en la ciudad de Ginebra, Suiza, recluido en un sanatorio para tratar su mal.

Sus restos mortales reposan en el céntrico cementerio de Santa Inés de su ciudad natal.

Ramos Sucre fue un hombre adelantado a su época por lo que su obra no fue comprendida mientras vivió.

Unos 50 años después, se comenzó a apreciar su legado literario, quizás por su trágica y temprana muerte.

Gracias a este reconocimiento póstumo, las glorias que no obtuvo en vida las recibe como una de las grandes figuras de la intelectualidad venezolana del siglo XX.

Fuentes y antecedentes literarios de José Antonio Ramos Sucre

Debido a su estricta y temprana formación y la precocidad que demostró desde pequeño, Ramos Sucre adquirió un gran volumen de conocimientos durante su vida.

Siempre lo caracterizó una notable búsqueda de información y un fino espíritu investigativo.

Ramos_Sucre_cumaná
Cumaná es la capital del estado Sucre, al este de Venezuela. Esta ciudad vio nacer a José Antonio Ramos Sucre, referencia obligada de la intelectualidad del país del siglo XX.Esta enorme sed de conocimiento le fue inculcado por su tío, que lo introdujo en el conocimiento de los autores del Siglo de Oro español así como también de los griegos y latinos.

Sus escritos y poemas evidenciarían este amor y dominio por los escritores clásicos.

Ramos Sucre continuó aprendiendo y estudiando toda su vida, lo que lo llevó a acumular una sabiduría extraordinaria.

La obra de Ramos Sucre refleja su gran erudición. El lenguaje, las figuras poéticas, la referencias a detalles de los clásicos.

Todos esos detalles dan muestra del enorme dominio que tenía Ramos Sucre sobre las palabras y la delicadeza con la que trabajaba su obra.

También hacía referencia en sus hermosos poemas en prosa a la gran diversidad de la familia humana.

Conocía sobre las culturas del mundo, lo que lo distinguió como hombre abierto y amplio respecto al mundo que lo rodeaba.

Legado literario de José Antonio Ramos Sucre

Ramos Sucre calificó el mundo intelectual y artístico venezolano como «mediocre, retórico y conformista, apegado a formas estéticas degradadas».

Por este motivo, buscó innovar las formas poéticas y literarias con una gran percepción, rigurosidad y sentido estético.

Es uno de los primeros escritores venezolanos que desarrolló la poesía en prosa, género que elevó por su erudición, intelectualidad, delicadeza y elegancia.

Ramos_Sucre_casa
El hogar de la familia Ramos Sucre es hoy un museo histórico y centro cultural de Cumaná. Ubicada en el casco histórico de la ciudad, allí se exponen, de forma permanente, las posesiones de Ramos Sucre y su familia. Estos objetos ofrecen una visión de la cultura postcolonial que aún se respiraba en esta ciudad en las primeras décadas del siglo XX.

Se caracterizó por el uso de varias voces poéticas sin abandonar la exaltación del «yo» único e inmutable.

Debido a su estilo único e irrepetible, los estudiosos de la obra de Ramos Sucre, no han podido ubicarlo en alguno de los movimientos literarios tan en boga en el esa época.

Su obra es única y brilla prácticamente sola, debido a la singularidad que la caracteriza.

también se destaca el hermetismo, el uso de un simbolismo críptico, y las referencias mitológicas junto a los héroes venezolanos.

La obra poética en prosa de Ramos Sucre está en constante revaloración; al no poder ser catalogada todavía.

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Dentro de las corrientes literarias de su tiempo, su obra no fue tomada en cuenta sino hasta casi medio siglo después.

Es a partir de ese tiempo cuando se le reconoce como uno de los poetas más originales y avanzados de siglo XX venezolano.

Sus obras más importantes son:

  • Trizas de papel (1921)
  • Sobre las huellas de Humboldt (1923)
  • La torre de Timón (1925)
  • Las formas del fuego (1929)
  • El cielo de esmalte (1930)


«…Yo quiero escapar de los hombres hasta después de muerto…» 
José Antonio Ramos Sucre,  La vida del maldito, La Torre de Timón, 1925.

Un poema de José Antonio Ramos Sucre

PRELUDIO

«Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.

Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora vuelan y huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.

El movimiento, signo molesto de realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte.  Ella es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores.  Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor. »

(De «La Torre de Timón«, 1925)