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¿Qué tan antiguas son las ruinas de Chichén Itzá?

En realidad, Chichén Itzá no es tan antigua como otros monumentos. De hecho, pertenece a las Siete Maravillas del Mundo Moderno. La antigua ciudad de los mayas en Yucatán (México) formó parte de la Liga de Mayapán vio su apogeo entre los años  750 hasta el 1200 d. C.

El origen de Chichén Itzá

Los mayas, a quienes se les debe el origen de ese recinto religioso de Chichén Itzá, donde se han excavado más de ciento treinta lugares de culto, habitaban originalmente, durante la época del imperio antiguo.

Entre los siglos V a. C. y VI d. C., el sur de la América central, aproximadamente el actual perímetro de Tabasco y Chiapas, en México; y también Guatemala y Honduras, ya en Centroamérica.

En ese tiempo dejaron sus recintos devocionales cimentados en gigantescos edificios piramidales con terrazas y emigraron hacia el Norte al centro de la península de Yucatán.

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Panorámica de Chichén Itzá. Destaca a la derecha el Templo de Kukulkán (‘El Castillo’) y, más atrás, de menor tamaño, el Templo de los Guerreros.

Hasta hoy no se ha podido explicar el por qué tuvo lugar ese desplazamiento.

Surgen preguntas ¿se habría debilitado o acaso agotado la capacidad de producción del suelo, arado sólo con medios elementales y primarios?

¿Apareció alguna calamidad o epidemia? ¿Fue por cambios climáticos?

El territorio en el que se establecieron en ese momento no presentaba ningún incentivo para la edificación de alguna urbe.

Los mayas marcharon a una región cubierta en parte por áridos terrenos cársticos o relieves que se forman sobre rocas masivas calizas.

Ya que era una selva con poca agua, se comprende que construyeran los nuevos templos cerca de las fuentes de agua.

Características de Chichén Itzá

Los centros principales del imperio nuevo fueron, además de la metrópoli de Chichén Itzá, los centros religiosos de Uxmal y Mayapán.

Los construyeron con no menos esplendor que las ciudades abandonadas.

Chichén Itzá fue construida en la forma aún reconocible como lugar de culto y centro administrativo.

Era habitada únicamente por la nobleza y la casta sacerdotal.

El pueblo no poseía edificaciones de piedra sino que moraban chozas de madera, fuera del recinto religioso.

Estos lugares de devoción sólo eran visitados con motivo de las solemnes festividades religiosas.

Cuando llegaron los españoles, Chichén Itzá era ya un campo de ruinas que,  poco a poco, volvía a caer en poder de la selva.

Harán apenas unos ciento cincuenta años que los desaparecidos templos mayas volvieron a cobrar interés.

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Chichén Itzá fue liberada de la selva y restaurada.

Se pudieron descifrar muchas de las inscripciones antiguas y muchos símbolos.

También confirmaron que los mayas habían vivido bajo una especie de opresión religiosa del calendario.

Los complicados cómputos de tiempo de los sacerdotes fijaban las fechas más favorables para todas las decisiones en la vida del pueblo.

Todos los períodos de tiempo, comparables a nuestras semanas y meses,  estaban divinizados.

Los sacerdotes elaboraron, además, cálculos increíblemente exactos de la revolución orbital de Venus y de los eclipses de Sol futuros.

Por otro lado, los mayas no llegaron a conocer la rueda, el arado ni la palanca.

Interesantes descubrimientos

Al estudiar más detenidamente las ruinas, los arqueólogos descubrieron en los edificios de Chichén Itzá.

El conjunto de edificaciones fue un importante yacimiento arqueológico: pirámide de Kukulkán, tumba de Chac Mool y un observatorio astronómico.

También observaron influencias estilísticas extrañas que no correspondían a los mayas.

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Detalles de lasa cabezas de serpiente en el templo de los Guerreros. Ruinas de Chichén Itzá.

Resultó que el recinto estuvo bajo el dominio de una tribu guerrera de los toltecas, desde el siglo X d. C.

Estos construyeron en el centro del recinto la gran pirámide (“El Castillo”) dedicada a Kukulkán.

Y a ellos es debido también el “Templo de los Guerreros”, un edificio circular con las misiones de un observatorio solar.

También el campo de esparcimiento en el que se practicaba el juego de pelota sagrado.

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Estos son testimonios de la arquitectura tolteca que se mezcló en Chichén Itzá con las formas tradicionales de los mayas.

Esta mezcla se reflejó también en las representaciones de los dioses:

Además de los dioses toltecas-mexicanos, como Quetzalcóatl, no se olvidaron de la lluvia maya.

En Chichén Itzá está la mayor de las fuentes sagradas de agua, en cuyas inmediaciones se construyó la ciudad religiosa.

La fuente en forma de pozo (cenote) servía a efectos de culto.

Para congraciarse con los dioses se echaban en sus aguas joyas, armas e incienso.

O se sacrificaba a la deidad domadora de la lluvia muchachas ataviadas festivamente.

La lluvia era de importancia vital para los toltecas.