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¿Qué son los güevedoces?

Los güevedoces son niños de República Dominicana que padecen una enfermedad genética. Esto les impide desarrollar de manera óptima sus órganos genitales masculinos durante su infancia. Entonces, a pesar de que son niños, se les asigna sexo femenino hasta que entren a la pubertad y puedan desarrollar con normalidad sus órganos reproductores.

Güevedoces en República Dominicana

Los güevedoces solo existen en República Dominicana. Padecen una enfermedad genética, autosómica receptiva. Tienen un déficit de reductasa que ocasiona que, aunque sean del sexo masculino se les asigne sexo femenino.

Esto ocurre porque no se les desarrollan sus órganos genitales y persiste una ambigüedad sexual. Esta ambigüedad permanece hasta que entran en la etapa de pubertad, cuando comienzan a desarrollarse como hombres. A partir de allí inicia un cambio de sexo genital, pero también de rol en la sociedad. Dejan de ser mujeres para empezar a ser hombres.

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Aunque son niños, los güevedoces son criados como niñas.

Esta enfermedad genética se descubrió en este país latinoamericano en la década de los setenta del siglo veinte.

A partir de allí se detectó que la ausencia o la baja producción de reductasa ocasiona una enfermedad genética. Esta enfermedad origina una especie de pseudo hermafroditismo, que desaparece en la adolescencia. Pero, mientras esto ocurre, los niños afectados son tratados y criados como niñas, a pesar de la indefinición de su género.

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El problema genético se debe a la ausencia de reductasa, una enzima que es necesaria para que la tetosterona pase a ser dihidrotetosterona. La dihidrotetosterona es la encargada de la masculinización de los genitales en su forma, es decir, en la parte externa.

La forma de los güevedoces

Aunque en la adolescencia se desarrollarán para ser hombres, de niños su sexo es indefinido. Esto se debe a la forma que adquieren sus genitales. El poco desarrollo de su pene hace parecer que se trata de un pequeño clítoris.

También tienen un escroto bífido y un seno urogenital abierto en el perineo. Allí hay un saco uretral y una especie de saco vaginal que permanece cerrado. La uretra está ubicada en el saco vaginal, donde está realmente su pene.

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Los testículos están en el canal escrotal y se desarrollarán con normalidad porque la estructura interna y el conducto de Wolf permanecen normales.

Las vesículas seminales, los conductos deferentes y el epidídimo permanecen intactos. En ese sentido, no hay indicios de que aparezcan rastros de conductos femeninos.

Esto se debe a que cuando alcanzan la adolescencia logran el desarrollo gracias a tres hormonas. La tetosterona, la dihidrotetosterona y la hormona antimulleriana. Esta última es realmente la que impide la formación de ovarios y trompas para que los güevedoces tengan órganos femeninos.

Los güevedoces al crecer

La forma ambigua de los güevedoces desaparece una vez que entran a la adolescencia. A pesar de que su tendencia es a la feminidad por la forma de sus genitales, esto cambia en la pubertad y no deja rastros femeninos.

Al crecer, se desarrollan los escrotos y el pene. Aunque generalmente no alcanzan un gran tamaño. Pero sí desarrollan todas sus funciones básicas. Pueden eyacular, alcanzar erecciones y penetración.

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Sus escrotos también se desarrollan y elaboran semen, como el resto de los hombres. Y, en cuanto a sus preferencias sexuales, ellos se decantarán por la mujer y es lo que les proporcionará placer sexual.

Con respecto al físico, en la adolescencia empiezan los cambios hormonales que se reflejan en el aspecto. Les sale musculatura y vellosidad. Se le desarrolla la voz hasta alcanzar tonalidad masculina, pero nunca les saldrá acné. Los güevedoces podrán mantener relaciones sexuales y tener placer al respecto, pero no podrán inseminar ni procrear.