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¿Qué es el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor es una distorsión mental que hace que quien la padece crea firmemente que no es inteligente y tiene una fuerte convicción de que engañó a todo aquel que piensa lo contrario.  Es común que quienes la padezcan sean personas capaces, inteligentes y trabajadoras.

El síndrome del impostor

En 1978, las psicólogas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes realizaron una investigación enfocada a mujeres exitosas.

Ambas especialistas se dieron cuenta que muchas de ellas, a pesar de sus éxitos y rendimiento, se sentían incompetentes y perezosas.

Las que padecían esta condición estaban convencidas de fingir sus logros y que, en cualquier momento, serían descubiertas.

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La mayoría de las afectadas por el síndrome del impostor son mujeres exitosas, capaces y trabajadoras.

Décadas después, la misma distorsión ha sido identificada en un gran número de personas exitosas en diversos campos.

El peor daño del síndrome del impostor es que impide que aquellos que los sufren crean en sí mismos, por lo tanto es una forma destructiva de baja autoestima.

Incluso, los éxitos que consiguen gracias a su capacidad, en vez de aliviar los síntomas, los agravan y los avergüenzan más.

Esto se debe a que la persona siente que con esos éxitos refuerza el engaño que cree que es.

Hay personas famosas y competentes en quienes se ha identificado el síndrome del impostor.

Por ejemplo, la gran poeta estadounidense, Maya Angelou, la talentosa actriz Meryl Streep y el físico Albert Einstein.

Síntomas del síndrome

Las personas con el síndrome del impostor tienden a tener conversaciones internas con connotaciones negativas y desvalorativas.

Tienen una necesidad permanente de verificar varias veces su trabajo y no les gusta atraer la atención en el ámbito laboral.

También se impones formas de compensar lo que para ellos es fracaso e ineptitud.

Por ejemplo, trabajan más tiempo o no establecen límites adecuados a su volumen de trabajo.

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Además, desarrollan sentimientos de fraude y de temor a ser descubiertos. Otros sentimientos son la culpa y la duda.

En el caso de experimentar un fracaso real, tienden a culparse, sin entender que otros factores son responsables del mismo.

Así mismo, atribuyen a la suerte sus éxitos, subvalorando su trabajo, capacidad, esfuerzo y méritos.

Aunque hay hombres que pueden padecerlo, en realidad las personas en quienes se identifican son mujeres en su mayoría.

Cómo enfrentar el síndrome del impostor  

Aunque es difícil deshacerse de él por completo, hay algunas claves que pueden ayudar a sobrellevarlo.

Por ejemplo, buscar ayuda especializada contribuye a hacer cambios en los patrones de pensamiento y a identificar el origen del síndrome.

En muchos casos se trata de algo más que simple inseguridad.

Es común que la sociedad y la cultura determinen la percepción de lo que es exitoso y lo que no.

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Los éxitos propios, lejos de aliviar los síntomas, los agravan. Uno de los síntomas es el aislamiento.

En algunos casos, el miedo a ser etiquetados de arrogantes, el pertenecer a grupos minoritarios o ser mujer, pueden contribuir con su aparecimiento.

Es necesario hablar con amigos y colegas de confianza para romper el aislamiento común entre las personas afectadas.

Un ambiente laboral adecuado también contribuye a alimentar o ayudar a calmar el síndrome de impostor.

Esto incluye ambientes en los que no se normalice desafíos de ansiedad, de identidad o trabajos de muy alta presión.

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Es importante confiar en el criterio de los superiores cuando se reconoce talento en ellos.

Estos toman decisiones sobre la base de la experiencia y potencial de sus subordinados, por lo que conocen hasta dónde son capaces de llegar.

Es saludable sentir humildad en el trabajo y reconocer cuando otros poseen más experiencia.

Sin embargo, los especialistas alertan que es destructivo cruzar la línea hacia el miedo paralizante y la baja autoestima.

Reconocer en otros el síndrome del impostor pude contribuir en ayudar a otros a reconocer el potencial de ellos, pero también el propio.