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¿Por qué sentimos desconfianza?

Sentimos desconfianza por un proceso químico que se genera en el cerebro ante la presencia del miedo. El miedo o las sensaciones de amenaza liberan sustancias neuroquímicas que resultan protectoras. Estas sustancias, llamadas calecolaminas y cortisol se alojan en el lado prefontal y lo bloquean. Allí es el lugar donde se genera la confianza.

Desconfianza cerebral

Sucede sin darnos cuenta. El cerebro activa mecanismos de protección ante posibles amenazas o miedo de afrontar una situación. A esto se le llama desconfianza y es un proceso neuroquímico.

El temor a perder el control ante una situación es uno de los mecanismos que actúan para que se genere desconfianza.

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Cuando las cosas no salen como queremos o planeamos o sentimos que nos enfrentamos a un riesgo. Ese estado de vulnerabilidad activa mecanismos de protección en el cerebro.

Es allí cuando se segregan sustancias neuroquímicas. Entran en juego las calecolaminas y el cortisol para bloquear la confianza.

Una emoción o sentimiento que se genera en el ladro prefontral del cerebro. Esta hace que desarrollemos actividades sin miedo. O que sintamos ese tipo de empatía hacia una persona que nos genera calma.

Cuando se activa el cortisol. La persona inicia el proceso de la desconfianza y activa mecanismos que se transforman en reacciones.

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Se siente la necesidad de escape o de parálisis. Otras reacciones conllevan a la confrontación. Esa confrontación hace que se mire al entorno o a la otra persona con cautela.

Que no se expongan sentimientos reales sino que se espere por respuestas y reacciones.

El desarrollo de la desconfianza

Cuando se segregan las sustancias químicas e inicia la desconfianza ocurren una serie de reacciones. Al pasar de la parálisis y necesidad de escape o evasión le sigue la confrontación. El cortisol hace que se activen este tipo de conductas.

La persona siente necesidad de respuesta. Por ello la relación se torna superficial, se establecen parámetros internos para medir reacciones y esperar por la contraparte. Hay escepticismo y resistencia ante el discurso del otro. Un mecanismo más de protección ante el entorno.

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Pero no solo se miden las palabras. La desconfianza hace que se tome en cuenta las reacciones del adversario. Que se estime la magnitud de los signos para eliminar el miedo y las amenazas.

Cuando las personas viven este proceso y resulta positivo, se empieza a esclarecer el panorama interno. Químicamente, esto significa que el cerebro empieza a segregar oxitosina y dopamina. Son neurotransmisores que inciden en el proceso de relajación.

Inicia el proceso de disipación de la desconfianza. Las personas internamente liberan miedos y aceptan la presencia del otro o del ambiente que los rodea y no lo perciben como amenaza.

Cuando desaparece la desconfianza significa que se desbloquea el lado prefrontal del cerebro. La persona decide abrirse a nuevas experiencias sin la sensación de temores.

Una persona con desconfianza

La desconfianza es un proceso natural, que generalmente ocurre ante situaciones específicas.

Sin embargo, hay personas que tienen esta característica como algo fundamental de su personalidad.

Estas personas, según psicólogos y psicoanalistas, tienden a tener problemas relacionales. Habitualmente se comportan con suspicacia y hostilidad. Externamente, aparentan pocas emociones o las expresan de forma negativa a través de las ironías o el sarcasmo.

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Se trata de individuos dominados por inseguridades personales y conflictos de tipo emocional ante sus pares y el entorno. Están en alerta permanente, recelosos ante lo que pueda ocurrir o lo que puedan sentir.

Esto contrasta con personas que muestran confianza por lo general. Se muestran seguros y sin temores ante la posibilidad de afrontar nuevas experiencias. Son personas que pueden reponerse más fácilmente ante baches emocionales.