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¿Por qué los niños hacen travesuras?

Las travesuras en los niños tienen dos razones fundamentales. La primera es la necesidad de llamar la atención de padres o figuras adultas de autoridad. La segunda es la curiosidad innata que tienen los infantes ante las posibles sensaciones nuevas. Especialistas indican que es poco probable que estas acciones estén ligadas a actos de maldad genuina.

Travesuras por curiosidad

Una de las razones principales por las que un niño hace travesuras es por la necesidad de reconocer el entorno y experimentar.

Lo que un adulto considera como un acto de rebeldía o una barrabasada, puede ser una acción motivada por la curiosidad innata del infante.

No importa el país o la cultura donde nazca y se desarrolle el niño, hará travesuras. Es algo innato de un infante saludable.

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Tienen una disposición casi biológica a realizar actos que a los más grandes les parecerán exasperantes o les causarán risas y alegría.

Los niños tienen el deseo y la necesidad de hacer travesuras. Lo hacen de manera consciente, y también de forma inconsciente.

No son actos premeditados, con la finalidad de dañar bienes o realizar acciones que enojen, de manera premeditada. Es el reflejo de las ganas de conocer, de experimentar y hasta de divertirse.

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Una razón similar para las travesuras es la picardía. Eso les lleva a realizar actos que nos parecen graciosos como darle a las mascotas, a escondidas, la comida que no les gusta. O decir frases imprudentes ante cosas que escuchan o conversaciones.

Travesuras para llamar la atención

Otra de las razones básicas para este tipo de conductas es llamar la atención de adultos. Bien sea atraer la atención hacia los padres o figuras que para ellos representen autoridad.

Es el mecanismo para poder expresar emociones que, de otra forma, no sabrían reflejar. Por ejemplo, la molestia, la ira o el enojo. Necesitan que las figuras de afecto y autoridad les ayuden a resolver las situaciones que les afectan.

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Este tipo de travesuras suelen ser más elaboradas y pretender generar alguna molestia e incomodidad en el adulto. Por ello ocurren cosas como esconder algo importante, bien sea llaves, calzado o algún implemento de trabajo.

También de esconderse o huir de algún sitio determinado, para hacer notar su falta. Este tipo de conductas puede denotar molestias mayores que se generen en el entorno y no sepan cómo controlar o resolver. Y, quizás el adulto a cargo no se ha dado cuenta. Por ello pueden tomarse como señales de alarma.

Otra de las razones es para la obtención de algo en concreto. Es el mecanismo que encuentran para que el adulto a cargo ceda ante su voluntad.

Travesuras e imaginación

Las conductas traviesas de los niños revisten un esfuerzo imaginativo para ellos. Inician a una edad muy temprana. Incluso desde el primer año de vida y las hacen de manera inconsciente. Es una forma de explorar el mundo que los rodea y empezar a conocer.

Ante ellos se presentan dudas sobre el funcionamiento y utilidad de las cosas. Quiren conocer olores, texturas y formas. Por ello, lo que para un adulto es un niño travieso, puede tratarse en realidad de un niño que experimenta con su entorno.

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Por ello, con frecuencia, las acciones más comunes son el intento de alcanzar cosas y objetos, así sea trepándose en muebles. También tocando  tomacorrientes u otros objetos que pueden representar peligro para su integridad física. Padres y adultos deben recordar que los más pequeños desconocen la magnitud del peligro que les rodea.

Al respecto, los especialistas señalan que es contraproducente el castigo, que lo más saludable es la corrección sin violencia.