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¿Por qué el conejo era un animal sagrado para los aztecas?

Para los aztecas, también conocidos como mexicas, el conejo era un animal sagrado. Este mamífero estaba relacionado con la fertilidad y la nobleza. Ellos creían que un conejo habitaba en la luna ya que al observarla podían ver esta figura, así fue como surgieron varias leyendas.

¿Qué narra la leyenda del conejo y la luna?

Los mexicas creían que un conejo habitaba en la luna. Esto es porque al observarla podían distinguir una figura con forma similar al cuerpo del conejo, en color blanco oscuro que resaltaba sobre el fondo gris.

No solo los aztecas crearon leyendas sobre el conejo y la luna, sino también muchos otros pueblos prehispánicos como los mayas, los mixtecos, los chinantecos y los tsetsales, entre otros.

Leyenda teotihuacana

En la Historia general de las cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún se relata la leyenda tradicional de la cultura teotihuacana.

Se relata que los dioses en Teotihuacan se reunieron para decidir quien de ellos se encargaría de alumbrar al mundo ya que hasta ese momento no existía día. Uno de los designados fue Tecuzitecatl, el dios rico. Necesitaban a uno más pero nadie se ofrecía para cubrir el puesto, así que lo mandaron a Nanahuatzin, el dios pobre.

Tecuzitecatl ofreció plumas de quetzal, piedras preciosas, bolas de oro, entre otras cosas valiosas, como ofrenda para respaldar sus oraciones.

En cambio, Nanauatzin, quien era muy miserable, solo daba lo que le sobraba como bolas de heno y espinas de maguey rociada de sangre.

Pasada la media noche y la penitencia, comenzaron con sus oficios. Como respuesta, los dioses entregaron como recompensa a Tecuzitecatl una chaqueta de lienzo y hermoso plumaje, mientras que a Nanauatzin le dieron una estola de papel.

Luego encendieron un fuego y le pidieron a ambos dioses que se metan en las llamas. Tecuzitecatl lo intento pero no se animo, Nanauatzin ni siquiera lo dudo y se metió. Al ver esto, Tecuzitecatl también se adentro a las llamas. Lo siguió un águila y un tigre que también ardieron en el fuego.

Los dioses esperaban que Tecuzitecatl y Nanauatzin salgan, pero no lo hicieron. En el Oriente salio un Sol muy rojizo y luego salio la Luna. Los dos resplandecían con su brillo, hasta que uno de ellos fue opacado cuando un presente le arrojo con un conejo.

La leyenda continua relatando que todos los presentes murieron por el Aire para que el Sol y la Luna tuvieran vida. El Viento fue quien los movía con sus soplidos y por eso el Sol sale primero y luego la Luna.

Leyenda mexicana del Conejo en la Luna

En las Leyendas Mexicanas se encuentra el relato titulado “Leyenda del Conejo en la Luna”, este narra la historia de Quetzalcóatl.

Este era un dios bueno y grande que decidió tomar la figura de un hombre para poder viajar por el mundo.
En uno de sus viajes camino a lo largo de todo un día, por la tarde estaba muy cansado y tenia mucho hambre. No encontraba un sitio donde descansar así que siguió caminando hasta la llegada de la noche.
Estaba sentado en el camino cuando se encontró con un conejo comiendo y le pregunto ¿Que estaba comiendo? El animal respondió que comía zacate y se ofreció a convidarle, pero el le dijo que no comía esa hierba y que lo más probable era que muera de hambre y sed.

El conejo, sin saber que hacer para evitar su muerte, se ofreció a ser su comida. El dios Quetzalcóatl agradecido con el animal le aseguro que siempre seria recordado y pinto su retrato en la luna para que permanezca allí para siempre.

Leyenda chinanteca

En El Conejo en la Cara de la Luna de Alfredo López Austin se puede leer una leyenda chinanteca.

Los chinantecos son un pueblo originario de Oaxaca. Según la leyenda más tradicional en su cultura, el Sol y la Luna eran hermanos. Cuando estos eran niños sin intención mataron al águila que tenia los ojos brillantes porque uno era de oro y el otro de plata. La Luna se quedo con el primero, y el Sol con el segundo.

Tiempo después, luego de un largo camino, la Luna tenia sed. Su hermano, el Sol, le ofreció agua a cambio del ojo del águila. Esta no era la única condición, el agua que el le entregaba no podía ser bebida sin que fuera bendecida por el Cura Conejo.
La Luna acepto, pero no siguió las condiciones. Entonces el Sol, enojado por la acción de la Luna, tomo al Cura Conejo y le golpeo la cara generándole una mancha con la forma de este animal.