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¿La publicidad subliminal realmente funciona?

Estudios determinaron que, con mensajes bien diseñados, la publicidad subliminal funciona. Algunas legislaciones prohibieron su uso. Aseveran que inducen al consumidor a adquirir bienes o servicios a través de la manipulación. Sin embargo, es difícil determinar el momento en el que los espectadores están ante este tipo de mensajes.

Publicidad subliminal y el inconsciente

La publicidad subliminal ofrece de forma sutil y no explícita productos o servicios a los usuarios. Con esto, tratan de inducir al usuario o consumidor productos que no requieren o necesitan.

Existen debates extensos acerca de lo ético de este tipo de prácticas. El tema central de la publicidad subliminal es ofrecer un producto sin que el consumidor lo sepa.

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Para ello elaboran una serie de mensajes tan sutiles que rayan en el límite de lo imperceptible.

Los usuarios no están al tanto de la publicidad subliminal, no la ven de manera directa. Son mensajes que llegan de una manera inconsciente e inducen a la compra.

Lo principal es que los consumidores los adquieren o usan sin saber las razones verdaderas.

El diseño de la publicidad subliminal apela al detalle. Al juego de las formas y los sonidos. A evocar sensaciones y rozando al mínimo la percepción. Pero incitando al consumo.

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Cuando se trata de trabajos audiovisuales, el mensaje es casi imperceptible. La rapidez con la que se elaboran hace que se cuele entre los detalles de la composición audiovisual.

Pero, no solo se trata de mensajes audiovisuales. Es aplicable a imágenes fijas que se pueden hallar en vallas o en afiches.

Publicidad subliminal y ética

Las legislaciones prohíben la publicidad subliminal. Advierten que no es ético realizar este tipo de mensajes sin que el consumidor será realmente el material publicitario que consume.

Las legislaciones superponen el derecho de los consumidores por encima de las empresas que publicitan y de los que crean este tipo de contenidos. Suelen ser penalizados judicialmente. Las penas varían de acuerdo a la legislación de cada país.

Alegan que el ser humano es incapaz de percibir cuando es expuesto ante este tipo de contenidos.

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Técnicamente, una persona no puede determinar conscientemente imágenes que se presentan a una velocidad de cuarenta segundos. Pero, aunque esto escape del ojo humano, no escapa del cerebro que sí recibe la información.

Al recibir este tipo de contenidos, el cerebro procesa la publicidad subliminal en el subconsciente. Es allí cuando se índice al consumo contra la voluntad del usuario.

No se trata de una dominación ni de que la publicidad subliminal anule la voluntad del consumidor. Se trata de mensajes que quedan de forma aleatoria en la parte inconsciente del cerebro. Y es esto precisamente lo que las legislaciones consideran antiético.

Efectividad de la publicidad subliminal

En 1957 surgió el concepto de publicidad subliminal. Fue parte de presuntos experimentos realizados por James Vicary en Estados Unidos. En aquel momento, e trató de la inclusión de pocos fotogramas por minuto en spot publicitarios.

Algunos estudiosos indican que la empresa para la cual Vicary elaboró este tipo de mensajes fue The Coca-Cola Company. Otros desestiman esta versión e indican que fue para otros productos de consumo masivo.

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No obstante, una década después Vicary reconoció que dicho experimento no existió. Se trató de un truco publicitario para atraer clientes a su firma publicitaria que estaba en declive.

Pero, en el año 2006, investigadores realizaron experimentos similares y certificados en la Radboud University en Hplanda. Desde allí determinaron que sí es efectiva, aunque depende de la aplicación correcta de técnicas.

No obstante, tres años después, la Asociación de Psicología en Estados Unidos planteó que no es una verdad absoluta. Que lo subliminal depende de estímulos asociativos y que su papel es de reforzar conductas.