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¿Es malo comer sin hambre?

Sí. Es negativo para el cuerpo comer sin tener hambre. Es un mecanismo para ganar peso fácilmente y forzar procesos digestivos que deben darse con naturalidad. El hambre llega al organismo cuando hay un desgaste, de manera que el cuerpo requiere de nutrientes para reponerse. Hacerlo sin necesidad hace que se acumulen grasas y calorías innecesarias.

El hambre es necesaria para comer

Aunque parezca una obviedad, el hambre es necesaria para el cuerpo. Comer sin que exista esta sensación conlleva una serie de consecuencias negativas para el organismo.

La comida que debe ingerirse va de acuerdo al esfuerzo físico y mental que realice la persona.

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El cuerpo, al recibir la comida inicia un proceso de digestión. Pero, si se ingiere más de la cantidad necesaria, esta comida no se digiere con normalidad sino que se acumula. Allí inicia el proceso de obtención extra de peso corporal.

Además de la obesidad que se puede generar con la obesidad, hay otros problemas asociados. Estas complicaciones incluyen vómitos, diarreas, dolores estomacales, entre otros. Todo esto producto de la ingesta excesiva de alimentos.

Sencillamente, cuando el cuerpo tiene necesidad de nutrientes, lo expresa a través del hambre. La saciedad indica que ya no requiere más. Incluir mayor cantidad de comida “agobia” al cuerpo y, sobre todo, al sistema digestivo.

Comer por impulsos

Hay una tendencia de manifestar con la ingesta de alimentos, sensaciones de angustia o ansiedad. Comer por impulsos es perjudicial, porque no se trata de ingerir alimentos por necesidad sino de ingerirlos sin necesidad real.

También, el comer de manera compulsiva es una sensación de placer al consumir alimentos que nos agradan. Esto puede ser una manera de adicción.

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También existe la creencia de que se come en mayor cantidad y así se recibe mayor cantidad de nutrientes. Lo único que se logrará es ingerir mayor cantidad de calorías y grasas.

Quienes tengan este tipo de creencias al comer, debe buscar especialistas en psicología y nutrición. Estos profesionales podrían ayudarlos a mejorar hábitos alimenticios y evitar consumos compulsivos.

Comer con hambre emocional

Hay muchos factores, además de la ansiedad y la angustia, que hacen que una persona llegue a comer sin ganas.

Estas personas que alteran sus hábitos alimenticios y consumen compulsivamente, padecen hambre emocional.

El hambre emocional es la sensación de vacío en el estómago y la necesidad de comer. Por lo general se alimentan de cosas con poco valor nutritivo y gran cantidad de grasas.

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Al comer de esta forma se demuestra que la persona mezcla sus hábitos alimenticios con su estado de ánimo. Estrés, irritación, ansiedad, conlleva a comer sin medir consecuencias. Problemas laborales o sociales también son causa de depresiones que guían el camino hacia esta conducta.

El hambre emocional aparece cuando estamos en presencia de algo que nos desagrada afectivamente. Una situación irritante o la presencia de conflictos internos también.

El placer de comer

Cuando se consume comida sin tener la necesidad alimenticia, se hace por el placer que siente al ingerirla.

Hay alimentos que activan ese tipo de placeres y crean una especie de adicción. Ese tipo de alimentos segregan sustancias que incentivan el bienestar.

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Por lo general, son alimentos a base de azúcares simples y grasas saturadas. Por ello, este tipo de sensaciones son incentivadas por empresas fabricantes, que saben las reacciones bioquímicas que componen este tipo de comida.

En placer de comer derivado del hambre emocional, puede ser algo inofensivo si se mantiene bajo control.

Pero, si se hace de manera descontrolada las consecuencias pueden ser enfermedades o trastornos mentales como la bulimia. O, en su defecto, la insistencia de evitarlo conllevaría a la anorexia.