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¿Es difícil guardar secretos?

Contar secretos, o información comprometedora que puede perjudicar a las personas, es un instinto. Los seres humanos son comunicadores por excelencia y proclives a compartir información, aunque pueda tener consecuencias nefastas. Las personas tienden a involucrar a su entorno en temas que deberían estar ocultos. Lo hacen con el fin de generar complicidad.

Secretos confesables

Existe una especie de morbo al compartir secretos y revelar información que debe ser privilegiada y guardada.

Aunque ello implique que ese tipo de contenidos sea conocido por terceros y ocasione consecuencias negativas.

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Contar un secreto reviste de responsabilidad para el receptor.

Las personas suelen ser confidentes de otras, quienes confían  información sensible e importante.

Se trata de una necesidad de compartir algunas hazañas o proezas. Se tiene en mente compartir la información, aunque se pida discreción al confidente.

También, hablar de secretos con otro, demuestra una necesidad de amistad y confianza.

Otra de las razones es involucrar a terceros en las decisiones que se toman. Este aspecto también es instintivo y obedece al sentido de “pertenecer a un clan o grupo” que tiene el ser humano.

Las personas que piden discreción ante una confesión depositan confianza en un tercero. No se trata de ser inocentes, sino de una esperanza interna de que la persona no revele las confesiones.

Especialistas en psicología afirman que también se trata de una necesidad de llamar la atención. Contar secretos te pone en la mira de otro y te ayuda a empatizar a través de intimidades que catalogan de inconfesables.

Los secretos son una especie de prueba de fuego para quien los recibe y se les pide que mantenga confidencialidad.

Decidir guardar el secreto

Los psicólogos indican que guardar una confesión reviste de una “carga” para quien escucha. En ocasiones se trata de temas que le afectan al estar involucrados personas cercanas. Siente una dicotomía moral entre hablar o callar.

Afirman que se trata de una verdadera prueba de lealtad el mecanismo entre contar secretos y guardarlos.

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De hecho, recomiendan advertir a la persona que va a contarlo la capacidad o no de poder mantener a salvo la información y no divulgarla.

Y así como la persona que confiesa secretos tiene necesidad de protagonismos, esa misma sensación acompaña al que los divulga.

Ofrecer una información ajena a una persona o grupos los hará ser el centro de atracción. Esto resulta una tentación para propiciar interacciones sociales.

Una de las recomendaciones, surgidas del uso de nuevas tecnologías, es no compartir secretos a través de dispositivos electrónicos o mensajerías. Esto evitará la divulgación masiva de información.

Las fases de los secretos

Los psicólogos señalan que hay tres fases de la personalidad de un individuo que la hacen confesar secretos.

Cada persona tiene una primera fase que radica en la forma como quiere ser percibida. Se trata de la imagen ante los demás, aunque esto no represente del todo su verdadera personalidad.

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Desde allí necesita un escape para poder hablar de su verdadero yo. Esto lo hace a través de los secretos.

La otra fase es el comportamiento más diáfano. A esto llega cuando hay niveles de confianza entre su entorno, sobre todo en el ámbito familiar.

El tercer nivel es lo que se denomina “vida secreta”. No necesariamente tiene que ver con comportamientos catalogados socialmente de amorales, aunque pueden existir.

Puede indicar deseos ocultos simples como la procreación, temas laborales o anhelos de superación. Es en este ámbito donde se generan los secretos.

Búsqueda de testigos

Es en el tercer nivel de la personalidad que se da la búsqueda de confidentes o testigos de la vida secreta.

Aunque internamente las personas son conscientes de que deben guardar información considerara sensible, buscarán a alguien de confianza con quien desahogarse.