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¿Qué enfermedad previene la vacuna BCG?

La vacuna BCG previene la tuberculosis.

La vacuna contra la tuberculosis fue creada en el año 1921 por los epidemiólogos franceses Albert Calmette y Camille Guérin, por eso se la conoce como vacuna BCG (Bacilo de Calmette y Guérin).

Esta vacuna contiene bacilos de tuberculosis (bacilos de Koch o Mycobacterium tuberculosis) atenuados, incapaces de provocar la enfermedad, pero capaces de estimular las defensas del organismo.

Aplicación de la vacuna

La dosis de esta vacuna es única y se aplica en recién nacidos o lo más pronto posible luego del nacimiento. La aplicación de la vacuna BCG debe ser por vía intradérmica en el hombro derecho, sin prueba tuberculínica previa.

Aplicación de la vacuna BCG.
Aplicación de la vacuna BCG.

La vacuna BCG no debe ser aplicada a los recién nacidos que tengan un peso inferior a 2 kg, en aquellos que presenten una desnutrición avanzada, afecciones cutáneas en la zona de aplicación, enfermos de leucemia o linfomas, enfermos con tratamiento inmunosupresor o con cuadro clínico de SIDA.

Efectos adversos

La vacuna BCG no produce fiebre y no se necesita cubrir el área vacunada.

Generalmente alrededor de las dos semanas posteriores a su administración suele observarse una reacción local inflamatoria y de enrojecimiento en el área donde fue aplicada la vacuna, seguido de la salida de material amarillento (pus) durante varias semanas (o meses) hasta que se produce una cicatriz. Si bien esta es la evolución más frecuente, la supuración y posterior cicatriz no se producen en todos los niños vacunados. La lesión purulenta producida por la aplicación de la vacuna se cura sola, sin ningún tipo de tratamiento específico, sólo se debe higienizar la zona con agua y jabón para evitar posibles infecciones.

Lesión purulenta producida por la aplicación de la vacuna BCG.
Lesión purulenta producida por la aplicación de la vacuna BCG.

Otra de las reacciones posibles es la inflamación del ganglio de la axila del mismo lado en el que se administró la vacuna. El crecimiento ganglionar es subclínico y remite espontáneamente, siendo este el curso normal de la vacunación.