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¿Cómo se realiza el proceso de olvidar?

Al olvidar momentos, situaciones y datos hacemos un proceso neuronal. Los recuerdos se insertan en un tejido cerebral que sufre modificaciones constantes. Se modifican por desgaste, por muerte de neuronas y por el contexto. Allí se pierde parte de la memoria. Esa información almacenada puede desgastarse o las personas pueden obtener o no procesos de decodificación para acceder a ella.

Olvidar o almacenar recuerdos

Olvidar es un proceso neuropsicológico. Los recuerdos quedan insertos en un tejido que sufre modificaciones constantes. Bien sea porque se debilitan o se mueren neuronas y emergen nuevas. Esta condición hace que los recuerdos no sean permanentes de ningún modo.

Olvidar supone activar dos niveles. Uno es el neuronal y otro el cognitivo. Acceder a los recuerdos implica que las personas pueden no decodificar la información almacenada. Pero, si puede acceder, esta información puede no estar disponible en el sistema cognitivo.

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Olvidamos al no encontrar cómo decodificar recuerdos.

Esto implica que si puede haber disponibilidad de acceder en un momento determinado. Pero, al mismo tiempo, que los recuerdos no estén disponibles cognitivamente, es decir, olvidar.

Hay una manera simple de explicar esto. La información almacenada puede estar disponible. Pero las personas pueden o no acceder a ellas en momentos determinados.
Esto no significa que la información esté perdida. Significa que se accede a ella por códigos a los que se tienen acceso o no.

Logaritmos para olvidar

Olvidar es un proceso que puede hacerse a dos niveles. Bien sea de manera incidental o involuntaria. Cuando ocurre de manera incidental, entran en juego una serie de logaritmos.

Allí hay dos variables, la retención de la memoria y el tiempo que transcurre para almacenar y localizar un recuerdo. A esto se le conoce como la curva del olvido. Esto significa, de manera lógica, que mientras más tiempo pase, más tendencia se tiene a olvidar algo.

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No obstante, en el proceso de olvidar, los seres humanos no tienen  control sobre algunos aspectos. Por ejemplo no se puede controlar el repaso que se le da a un recuerdo. Tampoco la interferencia que hay al momento de recordar.

Tampoco es posible medir el tiempo en el que ocurre el olvido. Esto solo puede hacerse de manera empírica y es un proceso netamente individual.

Olvidar. Contexto e interferencia

Hay dos factores que intervienen cuando se da el proceso de olvidar. El primero es el contexto. La recuperación de recuerdos puede sufrir reveses cuando el contexto incidental no es igual o similar al contexto presente.

Estar en dos tipos de contextos distintos, uno en el plano real y otro en el cognitivo, hace que olvidar sea más sencillo. A la persona se le dificulta poder decodificar la información almacenada.

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Esto implica que el contexto de la persona va cambiando con el paso del tiempo. Es difícil recordar cuando los elementos externos son distintos a los que existían en el momento en el que se generó el recuerdo.

Esta es una de las razones por las cuales a los niños se les hace más fácil olvidar aspectos de su infancia. A esto se le conoce como amnesia infantil.

La interferencia se refiere a la capacidad del olvido con mayor facilidad los recuerdos que son comunes. Las personas suelen recordar más fácilmente los aspectos que les son extraordinarios o relevantes.

Olvidar y recuerdos errados

En el proceso de recuperación de recuerdos ocurren interferencias que pueden ocasionar distorsiones.

Es decir, mientras menos diáfano sea el proceso y se tiendan a olvidar detalles importantes, la memoria puede jugar una trastada.

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Si los recuerdos no tienen detalles precisos es posible que lo que reproduzcamos en la memoria no sea lo que realmente ocurrió.