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¿Cómo funciona el sistema inmune adaptativo?

El sistema inmune adaptativo tiene como objetivo ofrecer protección a largo plazo a través de la memoria inmunológica a fin de dar una respuesta mejorada y precisa ante patógenos específicos. Actúa cuando la primera línea de defensa del cuerpo -el sistema inmune innato- no tiene éxito en la destrucción de los patógenos. Sobre esta inmunidad se basa la vacunación.

La defensa adaptativa lleva más tiempo que la innata porque debe procesar los antígenos del microorganismo invasor para recordarlos y luego actuar específicamente contra él.

Si hay un nuevo contacto con un antígeno que ya se conoce, la respuesta de defensa puede ser más rápida.

Las respuestas del sistema inmune adaptativo son más eficientes y más rápidas que las de la defensa innata, si el antígeno ya se conoce.

Las células de la defensa adaptativa son los linfocitos.

Linfocitos del sistema innmune adaptativo

Los linfocitos son las células centrales del sistema inmune y constituyen el 20% – 40% de los glóbulos blancos y el 99% de las células de la linfa.

La linfa es un líquido transparente que viaja a través de las arterias de su cuerpo.

Estructura de un linfocito, célula del sistema adaptativo.

Circula a través de los tejidos para limpiarlos y mantenerlos firmes, y luego drena a través del sistema linfático.

Los linfocitos son responsables de la inmunidad adaptativa y los atributos de la diversidad y la especificidad de la memoria inmunológica.

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Los linfocitos se pueden subdividir ampliamente en tres poblaciones: células B, células T y células asesinas naturales o NK (“Natural Killer”).

Aunque estos últimos pertenecen al sistema inmunológico innato.

Células T

Cuando hay una invasión de microorganismos patógenos, el sistema inmune innato envía células dendríticas.

Su objetivo es recoger muestras de antígeno pertenecientes al agresor.

Estas se dirigen al tejido linfático donde se encuentran las células T inactivas.

Presentación del antígeno ante la célula T inmadura de la que se producen las células T colaboradoras y citotóxicas.

Las células dendríticas presentan ante las células T esas muestras de antígenos recogidas.

Las células T poseen receptores que recogen el antígeno y se activan.

Una vez activadas las células T, comienzan a reproducirse muy rápidamente.

La idea es conformar un ejército especializado con información precisa para combatir al patógeno.

Hay células T llamadas citotóxicas que poseen poderosas toxinas especiales para atacar, neutralizar o destruir al microorganismo enemigo.

También células T “colaboradoras” que estimulan las respuestas de las células B y de los macrófagos.

Cuando neutralizan al enemigo y la batalla inmunológica  terminó, las células T activadas permanecen en el tejido linfático.

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Allí esperan una nueva infección del mismo patógeno o de uno que posea el antígeno procesado.

Si esto ocurriera, un ejército de células T activas que participó en la infección anterior es capaz de responder mucho más rápidamente que las inactivas.

Es, precisamente, ese incremento en la velocidad de respuesta lo que conduce a la inmunidad.

La reintroducción del patógeno se combate tan rápido que no hay aparición de síntomas o estos son muy leves.

Esta inmunidad puede durar muchos años o toda la vida.

Células B

Durante una infección, las células dendríticas que viajan al sistema linfático para estimular a las células T, hacen lo mismo por las células B.

Estos son linfocitos que producen proteínas especiales en forma de “Y” llamadas anticuerpos.

Receptor de antígeno
La célula B recibe el antígeno proveniente de un patógeno. La célula B producirá un anticuerpo específico para ese antígeno.

Estas sustancias combaten a los patógenos al adherirse a los antígenos en la superficie de los invasores para detenerlos de inmediato.

Los antígenos impiden que su objetivo, la célula enemiga, se mueva, reproduzca e infecte otras células.

Así se crean aglomeraciones que alertan al sistema inmunológico de la presencia de esos intrusos. Entonces, el cuerpo comienza a producir sustancias tóxicas para combatirlas.

Las células defensoras del sistema inmunológico innato llamados fagocitos ingieren y destruyen a los intrusos cubiertos de anticuerpos.