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¿Cómo detectar la depresión infantil?

La depresión infantil puede detectarse en el comportamiento del niño: tristeza, decaimiento, falta de energía, apatía, dolores somáticos, entre otros.

¿Qué es la depresión infantil?

La depresión no solo afecta a jóvenes y adultos, también los niños pueden sufrir este trastorno que altera su estado de animo.
Los niños no solo se sienten tristes, sino que tienen un comportamiento diferente en todos los ámbitos de su vida.

Se trata de más que una simple tristeza, la depresión es un tema de salud mental. Ademas de estar triste la mayor parte del día y sin razón, también el niño deja de comer porque no tiene apetito, ya no disfruta de jugar o pasear y se aleja de su familia y amigos.

La depresión puede ser leve, moderada o severa, según la intensidad y duración de los síntomas

¿Cómo saber si un niño tiene depresión?

Uno de los principales síntomas que se relacionan con la depresión es la tristeza. Es importante tener en cuenta que los niños, como cualquier adulto, pueden estar tristes y esto no significa que estén depresivos.

Para considerar que se trata de depresión infantil, el niño debe permanecer triste por lo menos dos semanas.

Para saber si un niño tiene depresión se debe poner atención en los siguientes síntomas:

  • Estado de animo: Es normal que los niños pequeños no sepan expresar sus sentimientos. Al estar depresivos y con mal animo pueden mostrarse irritables, violentos y ansiosos.
  • Perdida de interés: Otro de los síntomas de la depresión es la incapacidad de disfrutar o apasionarse por lo que antes si les gustaba. Esas actividades y juegos de las que antes disfrutaba, ahora el niño las rechaza.
  • Agotamiento: La depresión también causa falta de energía El niño se muestra desanimado y no tiene ganas ni fuerzas para jugar, reírse, ir a la escuela o salir de paseo.

Otros síntomas de la depresión a los que también se debe poner atención son:

  • Autoestima bajo
  • Sentimientos de inferioridad
  • Perdida de confianza en si mismo
  • Reproches y quejas
  • Sentimientos de culpa
  • Pensamientos autodestructivos
  • Falta de concentración
  • Agitación
  • Insomnio o sueño excesivo
  • Dolores somáticos